lunes, 19 de mayo de 2008

Sexo con mi prima la punkita

No fue difícil colarme en la fiesta punk que se celebraba en una de las residencias del sector. Con mis 30 años y la pinta rockera que me gastaba para los conciertos pude aparentar ser un "punk curtido". Pagué el boleto de entrada, el improvisado portero me dejó entrar sin preguntas.

Me encontraba en esa sala llena de adolescente y jovenzuelos newpunks no porque me gustara su musiquilla de Good Charlotte, sino mas bien para hacerle un favor a mi tía. Al parecer mi descarriada prima se había ido para esa fiesta sin pedir permiso. Mi tía es permisiva y la deja salir al cine y rumbas, pero es que este apartamento tiene mala fama en cuanto a "fiestas se refiere". Y no era para menos. Una banda de rockeritos azotaba las cuerdas de las guitarras mientras el vocalista gritaba algo que no se entendía, mientras unos fans agitaban la cabeza y se empujaban insistentemente. Eso no me molestaba. Lo que me incomodaba eran las mesas con rayas listas para ser aspiradas. También eran de cuidado los numerosos sofás con gente dándose más que simples caricias. Realmente nada de aquello me sorprendía ni me alteraba, había visto de eso y más, pero lo que me preocupaba era imaginar a mi primita de 15 años en un ambiente como ese.

Fue en uno de los muebles esquineros, en un rincón con poca luz, que divisé a Carla. Me costó reconocerla con todo ese maquillaje blanco y negro en el rostro. El cabello negro caía bañando sus hombros desnudos. Los senos, y solo los senos, cubiertos por un top negro, dejando al descubierto su bello abdomen, piercing umbilical incluido. Una falda corta, también negra, descubría sus blancos muslos hasta la rodilla, donde terminaban las botas de cuero, si adivinan, también negras.

A su lado, y demasiado cerca, tenía a un tipo de edad indefinida, aunque no era ningún jovencito. Su cabello era un mohicano pintado de verde. Ataviado casi como yo, chaqueta y botas de cuero negro y jeans desgastados. Con desdén le metía la lengua en la oreja a mi prima, mientras con su mano derecha le toqueteaba los senos. Carla, con los ojos cerrados se dejaba lamer, y con su mano izquierda acariciaba por sobre el pantalón el bulto del tipo.

Me propuse no más de un minuto. De un tirón aparte a mi prima a un lado. Me senté entre ambos. Con una mano le apreté los huevos al tipo. Con la otra le coloqué la navaja en el cuello. Un par de palabras. Una mirada fea. Un cagón de mierda. Se paró y se fue tropezando. Mucha droga. Cuarenta y siete segundos. No pensé que fuera tan fácil.

Encendí un cigarrillo mientras mi prima me formaba un alboroto. Que ya no era una niña, que a sus quince años ya era una mujer, que follaba con quien quisiera, que se sabía cuidar, etc. Yo fumaba y la miraba, era la primera vez que la veía así, vestida de punk, toda sexi, como una zorrita, nunca antes la había visto como mujer. Trataba de calmarla. Le ofrecí un cigarro para que viera que yo no era tan cerrado. Lo aceptó y bajo el tono. Pero seguía quejándose. Intentaba convencerla de irnos cuando paso lo inesperado. Llegó Sarita.

Sara Méndez, diecisiete años, piel blanca, cabello alborotado negro con mechas rojas, pecas, muchas pecas, bella. Amiga de años de Carla y de la familia. A ella si la había visto más que como una amiguita, es más, era una de mis fantasía secretas. Deduje que se había ido con mi prima a la fiesta. Se tiró a mi lado donde antes estuviera el punk. Me saludó con besito en la nariz y un "¿quién eres?" mientras reía y me acariciaba el pecho con su mano derecha. Al parecer el exceso de alcohol no le permitía reconocerme. Le eché un vistazo rápido, vestida de colegiala con la camisa blanca desabotonada, una corbata negra le baja del cuello al ombligo torciéndose entre sus prominentes senos, Minifalda roja a cuadros, medias de rayas multicolores hasta las rodillas.

"¿No lo sabes estúpida? Es mi primo" dijo Carla molesta. Sarita continuaba riéndose. "Hola primo de Carla, ¿quieres bailar?" y seguía riéndose estúpidamente. Noté un olorcillo a monte en su aliento, parece que había fumado hierba también. De pronto su mano bajó de mi pecho hasta mi pene. Carla sorprendida abrió los ojos y la boca atónita. Yo me también me sorprendí, pero lo que me sorprendió más es que no hice nada al respecto.

Sara me apretaba y masajeaba el bulto mientras reía y me mordía la chaqueta, mi pene comenzó a reaccionar. Mi prima me hablaba con la mirada, esperaba que yo hiciera algo al respecto. Me divertía que alguien que hace un minuto hablaba de libertinaje sexual cambiara de postura tan radicalmente. Tuve entonces un momento de conciencia. Como mi brazo derecho quedó atrapado bajo el cuerpo de Sara, intente separarla con mi mano izquierda. Ella tomó mi mano y se la llevó a los pechos, inmediatamente me clavó un beso con lengua y todo. Separó sus labios de los míos y sin dejar de mirarme a los ojos me dijo "yo se que me deseas primo de Carla, ¿quieres bailar?. El momento de conciencia se fue al cuerno. La traje hacia mí y la besé salvajemente en la boca, luego en el rostro, la oreja, el cuello. Ella aprovechó y liberó el pene, que ha estas alturas ya estaba erecto y listo para la guerra.

Fue mientras Sarita se entretenía acariciando mi miembro que recordé que mi prima estaba allí sentada a mi lado. Dejé de succionar el cuello y la miré. Su rostro no expresaba nada. Solo estaba allí observando como su amiga del alma le propinaba una paja a su primo. Sara volvió a reír "¿qué te pasa marica?" le dijo, le clavo la mirada y sin apartarla se agachó y le dio una lenta pero deliciosa lenguetada a la cabeza de mi pene. Carla me miró. Parece que ella tampoco me había visto a mi de otra manera que no fuera su primo, hasta ahora. Acto seguido Sara comenzó a mamarlo mientras me masturbaba. Volvió a mirar a Carla "Carlita ¿quieres bailar?" mas risas "bailemos", y siguió mamando. Yo me encontraba tieso, disfrutando la felación, pero a la expectativa de cómo fuera a proceder mi primita. Fue entonces cuando pasó lo inesperado (mentira, yo lo estaba deseando), Carla se inclinó un poco y tocó el miembro con su mano.

Sara rió más que nunca. Tomó aire y ayudó a Carla, ambas me aferraban la paloma. Sus manos subían y bajaban lentamente. Las dudas de Carla al parecer se estaban disipando mientras colaboraba en la masturbación. Yo les acariciaba las espaldas. Las empujé levemente por las nucas. Ambas comprendieron mi deseo. Se agacharon y lamieron. Una lengua subía mientras la otra bajaba. Los ríos de saliva corrían y humedecía la pelambrera de mis bolas. En un momento las lenguas se encontraron justo sobre el glande. Sara y Carla se unieron en un profundo beso, del cual mi pene fue partícipe.

Tiré mi cabeza hacia atrás, no podía creer aquello. Volví a mirar. Carla absorbía con decisión, mientras Sara se había puesto en pie y se movía al ritmo de la música de la banda, muy pop por cierto, nada realmente punk, para mi disgusto. Mientras danzaba se levantaba la minifalda para que pudiera verle las pequeñas pantaletas que tenían un texto en letras amarillas "cógeme". Nunca me hubiese imaginado que esta niña fuera tan puta. Se dio media vuelta con la falda arriba, puede ver el hilo de la pantaleta perderse entre dos nalgas firmes y voluptuosas. Comprobé lo duras que las tenía. Le metí mano, las amasé, palpándolas a conciencia, le di una sonora cachetada. Sara rió otra vez.

Aparté a mi prima y de un jalón me senté a Sara sobre la verga. Ella movió hacia un lado la pantaleta, se acomodó la polla entre sus labios vaginales y... se dejó caer. Dio un gritico y luego se rió. Sosteniéndose en mis rodillas comenzó a subir y bajar, a meterse y sacarse el pene. Mientras tanto yo besaba a Carla y para que no se enfriara le introduje los dedos por debajo de la falda de cuero, aparte como pude la pantaleta y comencé a masturbarla.

Sara no dejaba de moverse, por momentos no subía y bajaba, sino que se quedaba con la paloma toda adentro y se movía circularmente, restregándose. Yo la nalgoteaba para que acelerara. Sentía aquel chocho cada vez más caliente, me estaba quemando la punta del pene, lo que me indicaba con sus gemidos que estaba por acabar. Yo estaba concentrado en no derramarme, no quería perder la oportunidad de poseer a mi prima. Tomé las caderas de Sarita y comencé a darle durísimo y rápido. Hasta que no la sentí acabar no me detuve. Me le inqué a fondo. Sarita culminó su orgasmo dejándose caer sobre mi. Le obsequié un beso al que se unió Carla. Era demasiado.

Me saqué a la chica de encima y tomé a Carla por una mano. Ella se paró frente a mi. Me terminé de bajar los pantalones hasta los tobillos para estar mas cómodo. De pie, Carla observaba la verga enrojecida se levantó la falda y se quitó las pantaletas. Las de ella eran pequeñas y negras como toda su ropa. Noté que había gente que observaba de reojo lo que hacíamos, pero no se involucraban, en los demás sofás también se desarrollaban historias similares.

A una señal, Carla se colocó sobre mi con sus rodillas apoyadas a los lados de mis costados. La falda se le subió y pude ver su cosita perfectamente depilada. Me ensalivé los dedos y me dediqué a lubricarle la entrada. Recorría todo aquello, el morbo que sentía de cogerme a mi prima hacía que la polla casi se me reventara. Sin embargo lograba contenerme. Sarita se incorporó. Mamo por unos instantes mi verga erecta y luego la colocó apuntando al coño de Carla. Esta se dejó caer lentamente. Poco a poco iba entrando toda en su interior. Hasta que finalmente la tuvo toda adentro. Carla y yo no dejábamos de vernos a los ojos, como si aún no creyéramos que todo aquello estaba pasando. La risita estúpida de Sara se dejó escuchar nuevamente. mi primita se apoyó con sus manos en mis rodillas e inició los movimientos de vaivén sobre mi verga. Sara se colocó detrás de ella le subió el top, liberando los hermosos y redondos senos de Carla. Se besaban, podía escuchar sus besos, la saliva, el choque de lenguas.

Yo me movía cada vez más rápido. Me apoderé de esos senos que nunca antes había deseado. El pene entraba y salía, entraba y salía una y otra vez. La tomé por las caderas y me recosté del mueble para poder penetrarla mejor. Una de las manos de Sara se deslizó y le masturbaba el clítoris sin dejar de besarla. Carla gemía.

Aceleraba más y más. La abracé y la traje hacia mí. Ella brincaba desesperada al tiempo que Sara y yo le apretábamos y mordímos los pezones. "estoy acabando" casi gritó. Me aferré a sus nalgas para tener control total de los movimientos. Frenéticamente taladré, duro y rápido sin compasión. El orgasmo azotó el cuerpo de mi primita de quince años. Me detuve un momento con el miembro metido a fondo, hasta que ella terminó de disfrutar las sensaciones que la invadían.

La desmonté y la obligué a ponerse de rodillas en el piso junto a Sara. De pie, me masturbé hasta que fluyeron los chorros de semen sobre los rostros de las chicas. Jamás olvidaré la imagen de esas dos punkitas con sus bocas abiertas, recibiendo mi esperma, chupando, recogiendo cada gota, lamiéndose los rostros mutuamente.

Veinte minutos más tarde estaba dejando a mi prima en su apartamento. Dejándole claro a mi tía que era una fiesta sana, sin drogas fuertes aparte de cigarrillos, poco alcohol. La convencí de que no se dejara llevar por las pintas extravagantes de los chicos punks. Pero que para que estuviera tranquila, yo estaba dispuesto acompañar a Clara cada vez que ella quisiera ir a una fiesta de esas.

Salí de las residencias y me quedé pensando en la experiencia vivida con mi prima la punkita, y en Sarita, quien se había quedado en la fiesta, alegando que la noche aún era joven. Será que... regreso a la fiesta?

Satirock

jueves, 15 de mayo de 2008

A ritmo de reggaeton

El George y yo llegamos a la fiesta a punta de 11 y media de la noche mas o menos. Era el apartaco de Julius, un cabrón amigo de George que nunca me ha terminado de caer del todo bien. La fiesta estaba a punto con la gente alcoholizada bailando al ritmo del puki puki de la música electrónica.

Debo aclarar que no me gustan mucho esas fiestas por la música, a mi me gusta realmente es el metal, el rock duro, pero era ir al apartamento a joder un rato o irme a la casa a dormir.

La bienvenida nos la dio Martica, la novia de Julius, una hembra morena de unos 20 años, con cabello rizado y un ajustado vestido rojo que le calzaba como un guante y dejaba al descubierto sus preciosas piernas, que rico. Martica saludó a George con una abrazo y un beso en la mejilla.

- Te acuerdas del Sati? - le preguntó George refiriéndose a mí.

- Claro que me acuerdo. Como estás? - respondió Martica dándome también un beso en la mejilla. Se notaba entrada de tragos. Intercambiamos una breve y cachonda mirada y nos invitó a pasar. A esta nena la había visto si acaso un par de veces pero ya le tenía unas ganas especiales, y es que a mí las negras me enloquecen el guevo.

Nos apostamos cerca de las bebidas. Tomábamos birras y hablábamos con Julius, bueno, realmente el que hablaba era George, por que de pana ese carajo es una patada en las bolas. Yo me dedicaba a asentir ciertos comentarios mientras ingería mi curda, fumaba uno que otro cigarrillo y veía a las féminas que bailaban en la sala.

En algún momento se acerco Martica y nos presentó a Silvia, una catirita de unos 19 años que no se veía nada mal, entaconada y metida en un vestido negro y excitante. Martica invitó a Julius a bailar, pero esté atendió una llamada del móvil y le hizo una seña como que no lo jodiera y se fue a su habitación. Martica se quedó ahí medio cortada, el George se cagó de la risa y se la llevó a la sala a bailar.

Yo me quedé compartiendo un cigarro con la Silvia.

- No bailas? - me preguntó casi que invitándome a la sala.

Normalmente me hubiera rehusado, pero ya me encontraba entonado por media caja de cerveza que nos habíamos lanzado en casa del George y era una buena oportunidad para lanzarle un anzuelo a esa catirita y ver que pasaba. Apuré el trago y me fui a la sala de la mano de Silvia.

Habían como unas treinta o cuarenta personas sudando al ritmo de la música. Silvia y yo comenzamos a bailar entre tropezones, por que la sala estaba realmente atestada de gente y todo el mundo estaba gozando una. Yo aprovechaba para pegarme a la catira, rozando su cuerpo e incluso nuestros rostros. A ella no parecía molestarle y yo ya me estaba poniendo cachondo. En el relajo de la sala me percaté de que a mi lado bailaban el George y Martica, así que aproveché para bucearla, mirar ese cuerpo preciosos que se movía rápidamente, mi cachondeo aumentó.

De pronto el encargado de la música cambió el estilo del puki puki al reggaeton. Ahora sí que podía restregarme contra la catira sin excusas y así fue. La gente comenzó a perrear y Silvia no fue la excepción, la caraja se puso de espaldas a mí y recostó su trasero a mi ya erecto miembro y comenzó con el movimiento típico del perreo. Yo sonreí y continué bailando y disfrutando el masaje, jeje.

Mientras estaba en aquello miré a mi lado, el George también se estaba perreando a la novia de Julius mientras se reía y aspiraba un porro, que cabroncete. Pero entonces fue cuando mi excitación se disparó más. Martica se movía como una culebra, masajeándole el guevo a mi amigo con sus nalgotas morenas, inclinada totalmente agarrándose las rodillas con las manos, y mirándome fijamente. No sé si era producto de la curda, pero me pareció que había una conexión, que me estaba provocando.

Yo caí en el juego, me relamí sin dejar de mirarla, tomé a Silvia por la cintura y comencé a mover mis caderas adelante y atrás, como si la estuviese follando.

Creo que a la catira no le gustó mucho aquello por que se dio media vuelta y continuo bailando conmigo, pero ahora poniendo cierta distancia y con cara de culo, que pendeja, jaja.

- Te pasaste rata! - rió George.

Martica se dio cuenta de la vaina y antes de que Silvia dejara de bailar cambió las parejas, así que el George quedó bailando con la catira y yo con la negra sabrosa, uffffff.

Martica comenzó a moverse eróticamente frente a mí, yo no lo pensé mucho y me recosté a ese tan deseado cuerpo, nos movíamos rico rico, rozándonos a cada momento y sin dejar de mirarnos. La tomé por la cintura y le di media vuelta, quería recostarle mi salchichón en el culo. Se dejó sin problemas, se movía sabroso para los lados, como ella no estaba muy inclinada apoyé mi pecho contra su espalda y acerqué mi boca a su oreja, me provocaba darle una lamida pero me contenía al pensar que su novio andaba por ahí.

- wow baby, bailas riquísimo - le susurré al oído.

- jeje, tu también bailas muy bien - me contestó apretándose a mí.

Desde esa posición podía ver como sus tetas se bamboleaban para todos lados, casi saliéndose del escote. Yo se las miraba con descaro, hasta que alcé la mirada y vi que Julius venía abriéndose paso entre la muchedumbre.

No deje de bailar, pero tome un poco de distancia. Martica se dio cuenta, tampoco dejó de bailar, y si bien cesó un poco su erotismo mantuvo su cola pegada a mi miembro, cosa que me excito más aún.

Julius se detuvo frente a Martica y le dijo a George que había que comprar mas cerveza. George puso cara de ladilla, por que sabía que iba a tener que ir con su auto a hacer la compra con el Julius.

- Tu quieres que te traiga algo? - pregunto Julius a Martica con su aptitud de mierda de siempre.

- No, gracias papi - dijo Martica sin dejar de bailar y de restregarme el trasero contra el guevo. Yo continuaba echo el guevón bailando y riéndome mentalmente del cabrón de Julius.

George y Julius salieron del apartamento con otro pana. Apenas cruzaron la puerta Martica se volteó y comenzó a restregarse contra mi con el mayor de los descaros. La música pareció intensificarse, el gentío bailaba eróticamente, y Martica y yo parecía que estábamos tirando entre la multitud. Sus manos se aferraban a mi nuca y yo aproveche para por fin manosearle las nalgas. Las luces generales se apagaron y dejaron solo unas intermitentes que parecían flashes en la oscuridad. Ese fue el momento en que nos dimos el primer lenguazo de la noche, le comí la boca mientras la apretaba contra mí. La muy zorra se dejó, estregando las tetas contra mi pecho.

- Vente - me dijo al oído. tomó mi mano y me arrastro entre la gente al baño, pero resulta que este estaba ocupado y había gente esperando para usarlo. Entonces me llevó por el pasillo donde habían unas cuantas parejas metiéndose mano. Entramos a la habitación de Julius, cerró la puerta y sin darme tiempo de nada me estampó el segundo lenguazo de la noche.

Yo estaba que reventaba de la excitación y le metía manos por todos lados. Como pude entre la manoseadera le bajé la parte de arriba del vestido con brassier y todo, liberándole las riquísimas tetas, aquellos globos perfectos me dejaron petrificado.

Ella aprovecho mi momento de distracción y se arrodilló. Con la torpeza que caracteriza la excitación me desabrochó el cinturón y me bajó los pantalones. Comenzó entonces a besarme y manosearme el guevo sobre la tela de mi ropa interior.

Yo no aguantaba más y sabía que tampoco teníamos mucho tiempo, así que me bajé los interiores rápidamente, la agarré bruscamente por los cabellos y le metí el pene en la boca de un solo coñazo.

Ambos nos dimos un breve momento de disfrute. La música se escuchaba aún fuerte al otro lado de la puerta, y a ritmo de reggaeton Martica comenzó a darme una mamada de campeonato. Subía y bajaba, subía y bajaba, dejando hilos de saliva a lo largo de toda mi estaca.

Yo le solté la caballera, conciente de que ella podía hacer bien el trabajo, y me dediqué a maltratarle las tetas y pellizcarle los pezones. Oh rayos!.

La mamada estaba riquísima, pero yo deseaba meterle el guevo hasta las entrañas, y visto que Julius y George podían volver en cualquier momento tomé a Martica por debajo de los brazos y de un tirón la puse de pie sobre sus tacones, sin darle tiempo a nada le subí el vestido hasta la cintura, dejando al descubierto sus caderotas y la concha jugosa bajo sus pantaleticas blancas. Me disponía a bajárselas cuando me interrumpió.

- No, aquí no - dijo, abrió la puerta del baño privado de la habitación, entramos y cerró, pasando el seguro. Yo aproveché y la tomé por la cintura, colocando mi pene entre sus nalgas y estregándolo con fuerza. ufff que gustazo.

Martica se volteó de frente a mí y me besó. Levantó su pierna derecha y con su diestra se hizo a un lado la pantaleta, dejando al desnudo su concha húmeda de excitación.

La invitación estaba echa. Mientras la sostenía con un brazo, con la otra mano me tomé la base del pene y lo dirigí al deseado cubil, un solo movimiento lento pero firme sirvió para enterrarle media verga. Martica gimió prolongadamente.

Di un largo respiro. La tomé por la piernas y la alcé un poco, dejándola en el aire pegada de espaldas a la puerta del baño, en esta posición la deje caer sobre mi verga, metiéndola por completo y sin dejar que tocara piso comencé a follarla riquísimo al ritmo del reggaeton.

Martica chillaba aferrada a mi nuca y moviendo las caderas rápidamente. mi guevo entraba y salía una y otra vez de ese chocho hirviendo. Nos besábamos, apretábamos, nos estábamos dando tremendo gustazo hasta que sonó mi móvil. Por un momento pensé en no contestar, hasta que reconocí el repique personalizado, era George quien llamaba.

Desmonté a Martica y como pude saqué el móvil del pantalón y contesté la llamada.

- Epale pana, que paso? donde andan?- pregunté.

- Epale, estamos aún buscando una licorería. - dijo George - tienes a Martica cerca? Julius la está llamando a su móvil pero ella no responde.

- ha ok - con los apuros y la excitación quien sabe donde coño Martica había dejado su teléfono - te la paso para que hablen entonces.

Le di mi móvil a Martica que estaba de pie frente a mi.

- alo. Ok, si no se donde lo he dejado, si, pásame a Julius - dijo Martica mientras se sentaba en la poseta.

Mientras Martica hablaba por el móvil con Julius, yo me acerqué rápidamente y le saqué las pantaletas, la tomé por los tobillos, puse sus pies sobre mis hombros y de un sólo empujón le metí el guevo otra vez en la conchota. Martica se mordió los labios para no chillar. Me pareció por lo que escuchaba de la conversación que Julius le preguntaba si había que llevar más curda aparte de cerveza y si había llegado alguien más. Martica respondía con breves "si", "no", "no se", y entre respuesta y respuesta cortos y ahogados gemidos. Yo mientras tanto le estaba dando una paliza por la concha. Me llenaba de morbo cogérla ahí mientras ella hablaba con el novio. Me esforcé en darle duro y ella resistía para no gritar.

- Ay papi tráeme algo de comer si, una pizza- dijo la muy puta, obviamente para hacer tiempo - y te dejo que creo que llegó alguien, voy a ver. - y sin más corto la comunicación y tiró mi teléfono al suelo

- Ahora si cabrón - me dijo con rostro de vicio - párteme en dos.

Me cagué de la risa. Si bien ya le estaba dando durísimo, esas palabras me dieron más deseos y fuerzas. Sin sacarle el guevo uní sus piernas y las tiré hacia un lado, dejando aquel hembrón semiacostado sobre la poceta, y lo que vino a continuación fue una ametralladora de machete por la concha. Martica ahora si podía chillar a placer, uno de sus gemidos y el retorcijón de la concha me indicaron que le llegó un electrificante orgasmo.

Me mantuve con el machete hincado a fondo mientras se le pasaban los espasmos. pero nuevamente el tiempo apremiaba, así que la puse en pie, y esta vez fui yo quien se sentó en la poseta. Ella abrió las piernas y se colocó sobre mi, dejándose caer sobre mi verga lubricada de fluidos. Comenzó entonces un sube y baja frenético. La posición me permitió meterle mano a las nalgotas y a la raja del culo, mientras por fin podía llevarme a la boca las tetas tan divinas que bailaban ante mi, si, también a ritmo de reggaeton, jejeje, que divino.

- Voltéate - le dije, quería verle el culo mientras la cogía.

- Como? - preguntó ella.

- que te voltees puta - le ordené. Ahora si me escuchó bien. se puso en pie, dio media vuelta y se sentó sobre mi, quedando empalmada una vez más.

Extasiado la tomé por la cintura y comencé a subirla y bajarla rápidamente. podía ver claramente como mi guevo entraba y salía y como sus nalgas rebotaban contra mi cuerpo. Que cogida más rica le estaba dando. Me ensalive los dedos de la mano derecha y los apunte hacia el culo. Ella solita con el sube y baja comenzó a meterselos. gemía. primero uno, después dos. Ella subía y bajaba sobre mi guevo y yo aprovechaba de meterle los dedos en el culo.

Dispuesto a emburrarla por el ano la tome con ambas manos por la cintura, y sin sacarle el pene, nos pusimos de pie, continué dándole machete un poco más, hasta luego hacer que se arrodillara y ponerla en cuatro patas. Mientras la cogía le escupía el culo y le metía los dedos.

No había tiempo para perder. Le saqué el miembro de la concha y se lo puse en la entrada del culo. ella solita se abrió las nalgas con las manos y con la cara apoyada al piso. Le metí la verga hasta los cojones. Martica gritó de dolor y placer. Me aferré a las caderas y comencé el bombeó brutal. Las nalgotas rebotaban demasiado rico. yo la penetraba. la jalaba del cabello, le apretaba las tetas, le daba sonoras nalgadas, Martica no dejaba de chillar alcanzando otro orgasmo.

De pronto un ruido al otro lado de la puerta nos volvió a la realidad. Nos pusimos de pie rápidamente y luego quietos sin hacer ruido.

- Marta estas ahí? - preguntó Julius tocando la puerta del baño, el cabrón había llegado.

- Si papi - respondió Martica nerviosa y con cara de susto.

- Estas bien? necesitas algo? - preguntó el cabrón.

- no papi, estoy bien - dijo Martica acercándose a la puerta. yo me le pegué atrás y le rozaba las nalgas con la cabeza del guevo, aguantando la risa.

- Segura que estas bien? estas borracha? necesitas algo? - insistía el puto.

- Lo que necesita es guevo - susurré yo al oído de Martica mientras le encajaba la cabeza del pene otra vez en el culo.

- Haaaa - Martica no pudo aguantar el gemido.

- que te pasa mi amor? - julius está ladilla.

- Ay chico. Estoy cagando ok? déjame cagar en paz! - gritó Martica arrecha apoyando las manos en la puerta e inclinando el cuerpo para facilitar la entrada del miembro en su muy rico ano. El guevo se deslizó hasta adentro.

- Haaa, vete a la mierda puta del coño! - gritó Julius evidentemente encabronado. Se escuchó ruido y el portazo. había salido de la habitación.

- que ladilla ese guevón - dijo Martica - ahora si, cógeme duro papi.

Cagado de la risa, me agarré con furia a las caderotas y empecé a taladrar aquel culo divino. Las nalgas se abrían y rebotaban contra mi. Las azotaba a placer. La jalaba por los pelos de la nuca y la traía a mi. Le metía la lengua en la boca. Le pellizcaba los pezones. Le masturbaba el clítorix a placer.

Martica extasiada rebotaba contra la puerta del baño, atrapada entre la puerta y mi cuerpo. No se aguantó más y tuvo un nuevo orgasmo. Yo tampoco podía más. Se lo saqué rápidamente y la obligué a girarse y ponerse de rodillas. Apenas pude contenerme hasta ponerle el guevo sobre la cara. Le embarré todo el rostro y el cabello de esperma. Le lancé algunos trazos sobre las tetas, y antes de que pudiese hacer nada le metí la verga aún erecta en la boca, para terminar de morir mi orgasmo entre sus labios.

Con bastante sigilo salimos de la habitación luego de asearnos. Martica tardo un poco porque tuvo que hasta arreglarse el cabello. Volvimos a la sala.

- Que pasó que estabas perdido? - preguntó George ofreciéndome una cerveza.

- Nada, después te cuento – dije al tiempo que me refrescaba con la birra.

Entre la gente vi como Martica y Julius se disculpaban por haberse gritado. Martica le daba un beso de lengua a su novio, sin dejar de mirarme y guiñando un ojo. Pero que rico se tira al ritmo del reggaeton. Jeje.